4.2 KiB
(In) Satisfacción
Una meditación sobre el deseo, el vacío y el volver a amar
“El hombre que mira hacia afuera sueña; el que mira hacia adentro despierta.”
— Carl Gustav Jung
Hoy me di cuenta de que hace un tiempo, después de tener depresión, de alguna forma me di por vencido con algunas cosas. Soñaba con ser mejor persona, tener un impacto positivo en el mundo y amar a quienes tengo cerca. Eran verdaderamente las fuerzas que motivaban todas mis acciones.
Ahora son otras: la búsqueda de satisfacción y evitar la insatisfacción. Esto, por supuesto, hace que mis vínculos, mis relaciones y la forma en la que veo mi vida hayan cambiado también.
Ahora todo lo que hago me acerca o me aleja de una satisfacción, y naturalmente todo se vuelve un objeto de consumo. Consumo, esa es otra palabra clave. La satisfacción se logra consumiendo; la insatisfacción es producto de no consumir, o de no hacerlo en los niveles que proveen la plenitud de la expectativa.
Ahora tienen un poco más de sentido las palabras que algunos de mis vínculos cercanos me dicen a veces hasta el día de hoy. Sienten que estar conmigo es como estar con un agujero negro: insaciable, siempre buscando tomar y rara vez dando.
No es solo una actitud consumista frente a objetos y personas, sino que también es extremadamente egoísta.
Ya no se trata de disfrutar de compañía mutua, sino de no estar en soledad.
No se trata de comer, se trata de llenar vacíos emocionales.
Todo lo que genera displacer genera entonces insatisfacción, y es evitado.
No siempre fui así. Hace poco más de diez años, antes de que todo esto empezara a pasar, yo era diferente. No le tenía miedo al displacer ni a la insatisfacción. Y, por mucho, las personas que me rodeaban y yo mismo éramos felices.
Porque la felicidad no es sinónimo de satisfacción.
Justamente, estar buscando la satisfacción en todo me ha hecho muy infeliz, y ha empobrecido mis relaciones, mis emociones, mi inteligencia y mi espíritu.
Me ha hecho débil, sin vínculos profundos y duraderos.
Porque esos vínculos se pueden hacer solo compartiendo, y al buscar la satisfacción rara vez se busca compartir algo.
Como un niño que ve el acto de compartir como perder aquello que se comparte con otro (y perder no es satisfactorio), he evitado compartir, conocer y ser conocido. Amar, profundamente.
“Amar es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es.” — Jacques Lacan
Te preguntarás, lector, por qué estoy reflexionando en estas cosas más de diez años después.
Bueno, es un poco difícil de explicar, pero, salvando distancias, la depresión que me condicionó todo este tiempo ya no está más.
Sin embargo, me quedan sus efectos, sus costumbres, sus hábitos.
Para ser funcional, me armé una estructura, un andamiaje que me sostuviera, para no derramarme y evitar la destrucción total.
Esto es parte de ese andamiaje: la búsqueda de satisfacción, para mí, es más un mecanismo de defensa, de autoconservación.
Ya no lo necesito.
Puedo dejar de depender de estos rudimentos animales; puedo recuperar la esperanza, la fe, el amor.
Puedo, aunque no literalmente, volver a ser el hombre que fui, en cuanto a las cualidades que me orientaban en aquel momento.
Estoy escribiendo esto como ejercicio de meditación.
Para no olvidarme de lo que encontré hoy.
Para confrontar la búsqueda de satisfacción y volverla a poner en su lugar animal, instintivo.
Para desprenderme del consumismo y volver a ser un hombre completo, y no en partes.
Para abandonar las muletas que me quitan la profundidad de mis seres queridos, mis amigos, mi familia.
Quiero volver a ser honesto conmigo mismo, dejar estos rudimentos salvajes y ponerme de nuevo en pie.
No para consumir o para producir, sino para ser.
Para volver a dar. Para volver a amar.
“El que bebe de esta agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.”
— Juan 4:13-14